Eh, comandante. Retuitea esto si tienes huevos.

Me tiene sujeto. Pesa su cuerpo encima de mi espalda. Empuja el consolador dentro de mí. Metiéndolo levemente. Susurra. El puto susurro en mi oído que controla todas las situaciones. Que recoge mis riendas. "¿Seguro que es esto lo que quieres?" "Seguro." Yo no sueno en susurro. No quiero sonar en susurro. Quiero sonar firme. Soy yo. Esta es mi voluntad. Hoy pagas tú el castigo. No puedo bajar la guardia. Me controla demasiado bien. Me conoce demasiado bien. Pone su polla entre mis piernas. Puedo notarla dibujarse caliente y turgente. Me empuja con ella. "¿Seguro que no prefieres que te meta mejor esto?" Separo un poco las piernas. Se me escapan las riendas por un segundo. Rectifico. Vuelvo a cerrar las piernas. "No. Tú hoy no vas a follar. Solo yo." Suelta una pequeña risa respirada en mi oído. Tan sexy. Cabrón. "Estás mintiendo. Yo sé lo que quieres." Intento reír yo también. Una risa segura. Me sale fatal. A temblor. A estar perdiendo la partida. "Tú no sabes nada." Aparta el consolador y en su lugar pone su polla. Sin entrar en mí. Solo apoyada. Amenazante. Caliente. Empuja un poco. Gimo. Será hijo de puta..."¿Te lo digo? ¿Quiéres que te diga lo que quieres y por qué lo quieres?" Vuelve a sacar la polla. A pasármela. A empujar otra vez. Un poco. Nada. Apenas dos centímetros. Me muerdo el labio inferior para no gemir. "¿Sabes por qué prefieres que te folle con esto?" Entra un poco más. Vuelve a salir. "Porque esto lo sientes caliente. Esto no es una puta goma. Esto es carne. Y está así por ti. Porque me vuelves loco. Y te gusta volverme loco ¿verdad?" Me muerde el cuello. La oreja. Gimo otra vez. "No...tú hoy no...hoy no vas..." Vuelve a empujar un poco. Entra levemente una décima de segundo. Sale. Mueve su polla entre mis piernas. "Quieres que te folle porque voy a correrme dentro de ti. Por eso la quieres. Porque voy a correrme y a llenarte de leche y eso es lo que quieres. Quieres sentir mi semen resbalando entre tus piernas. Quieres que te agarre con fuerza y que te folle como una bestia contra el colchón. Por eso vas a pedírmelo." "No...yo no..." Otra vez el juego. Entrar unos centímetros. Salir. Apoyarla entre mis piernas. Pero la quiero. Es cierto. Lo quiero. Lo quiero a él. Lo quiero gritando sobre mi cuello. Agarrándome. Follándome en embestidas contra el colchón. "Hoy no vas a... eres un..." "Pídemelo, Ariel." "Eres..." Vuelve a entrar. Suavemente. Gimo. "Pídemelo."  "Cabrón..." "PÍDEMELO." "Fóllame..." Sonríe. Me sujeta el mentón. Gira mi cabeza. Me besa. Su lengua en mi boca. "Muy bien, pequeño. Eso es." En un instante, me tumba contra el colchón. Me sujeta. Entra en mí de un solo golpe. Bien medido. Grito. O gimo. O ambas cosas, qué se yo. Ya no controlo nada. Perdí. Hijo de la gran puta. Siempre gana. Siempre. A la mierda las riendas. Dame. Venga. Venga. Me empuja con furia. Me corre. Una vez. Dos. Sin tocarme. Siempre juega a eso. Me conoce. Me sabe. Nada peor que un amante que te sabe. Me agarra la polla y me masturba con las últimas embestidas. Tres. La otra mano me sujeta el mentón. Mete dos dedos en mi boca. Mi lengua juega con ellos. Otra embestida. Se corre dentro de mí. Le noto temblar. Tensarse. Gruñir gemidos sobre mi hombro. La última tensión y ya. Caemos. Vencidos. Solo dos respiraciones agitadas que se calman y se acompasan. Se incorpora un poco en la cama y me gira. Siempre me ha fascinado el autocontrol corporal que tiene después de los orgasmos. En mí no existe. Yo me desmanejo. Como una marioneta. Lo que soy, entre sus dedos de experto. ¿Yo te vuelvo loco? No hay comparación con lo que tú me vuelves a mí. Hijo de puta. Te amo. Siempre las riendas que se me escapan. Siempre. Me besa en los labios. Mucho más dulce. Beso largo y tranquilo. Enredando su lengua en la mía. Agarrando mi labio inferior con los suyos. "Qué cosa más bonita eres, hostia." Me acaricia el labio inferior con los dedos. Despacio. Suave. Como si tocara un pájaro. Vuelve a coger el consolador. Entra en mí. Me tenso. "¡Eh!" Me pone un dedo en los labios "chst... " Sonríe. La sonrisa maravillosa. La sonrisa de canalla. Los dientes blancos encendiendo lo oscuro de la habitación. Me separa las piernas. Vuelve a besarme. "Me encantan los números pares." Baja la cabeza hasta mi entrepierna. "Júrame... que no pondrás más fotos." Levanta la mirada hacia mí y vuelve a sonreír. "Shhht... a callar."